Especial para NPO-. ¡Es la hora! Tenemos que propulsar la
renovación de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para de esta forma retomar
un segundo aire en el marco de la lucha que se avecina en el aspecto
democrático y social.
La renuncia de Ramón Guillermo
Aveledo es algo plenamente normal. En todo partido o movimiento democrático, desde
donde se defiendan estos principios, debe existir periódicamente un cambio en
la conducción y un refrescamiento de la dirección de la plataforma, esto fue lo
que acaba de acontecer con el connotado dirigente socialcristiano.
¡Allá aquellos que se sienten
cómodo eternizándose en el poder! ¡Allá aquellos que le duele darle oportunidad
a otros para su crecimiento!
La salida de Ramón Guillermo
Aveledo es muy parecida a la que ocurre en los partidos europeos, cuando un
conductor de una alternativa es derrotado inmediatamente, sin asombro de nadie,
éste pone el cargo a la orden y da oportunidad a otros a direccionar nuevas
políticas.
Ramón Aveledo logró en su gestión
mantener unida a una gana multicolor de pensamientos y creencias, no fue hasta
el final que se alteraron los ánimos dentro de la Mesa de la Unidad Democrática
y justo en ese punto él, sabiamente, tomó la determinación de colocarse a un
lado.
Este episodio en vez de
preocuparnos, dándole así la razón a las campañas propagandísticas del régimen,
lo debemos aprovechar para renovar todas las mesas regionales y municipales del
país, dar un paso al frente y pedir un refrescamiento de todos los espacios de
conducción para así mantener el avance rumbo al cambio de sistema nacional.
Hoy más que nunca tenemos que
mirar hacia el frente y emprender un reajuste de nuestra forma de auspiciar el
acciones de la mayoría del pueblo que
está enfrentada al régimen que encabeza Nicolás Maduro.
Caras nuevas, nuevos
pensamientos, noveles procedimientos… Tenemos que inyectarle juventud no sólo
cronológica sino de ideas a la Mesa de la Unidad Democrática, siempre
escuchando los consejos de la experiencia pero imbuidos en el ímpetu rebelde,
enérgico y sagaz de una nueva forma de encarar la grave situación que padecemos
día con día en Venezuela.
Quienes han ocupado puestos en la
Mesa de la Unidad Democrática tienen que comprender que llegó una nueva etapa y
sus acciones, opiniones y contribuciones son vitales no obstante le toca en
este momento, como lo dijo Aveledo, pasar de “conductor a convertirse en un soldado más de
la Unidad”.
La renovación tiene que hacerse
ya, tiene que ser impulsada desde las comunidades, desde las bases de los
partidos, porque de esta forma es la única manera de vigorizar la Mesa y
encontrar el cauce para dirigir todos los esfuerzos unitarios hacia la meta
altísima de reconquistar la democracia y las libertades públicas que perdimos
en las manos de un grupo de seudo-revolucionarios.