José Dionisio Solórzano
Hace 16 años se fue – tal vez – uno de los últimos intelectuales de Anzoátegui. Uno de los grandes hombres de letras y cultura de este estado.
Hace 16 años se fue, Don Víctor Gil.
Un agudo analista, pensador, difusor de las raíces históricas de nuestro pueblo; un gran hombre.
Educador, historiador, abogado y periodista. Un gran señor.
Don Víctor Gil dejó una huella imborrable, pues él sí logró ser profeta en su propia tierra.
La historia de Puerto La Cruz y de Guanta (su pequeño terruño) no se puede escribir sin mencionar al hombre de la barba prominente y de la frase filosa e inteligente.
Víctor Gil fue un genuino socialcristiano; en la arena política le hizo frente a la injusticia, luchó con un alto sentido de honradez, moral y compromiso real por la gente más necesitada.
Desde Copei se destacó como concejal, presidente del Concejo Municipal de Sotillo y como diputado a la extinta Asamblea Legislativa.
Ocupó altas posiciones en el comité regional del partido verde y siempre fue un destacado defensor de los ideales de la Doctrina Social de la Iglesia.
Además, en su vida dedicó horas interminables al estudio de nuestro pasado glorioso; a investigar sobre los grandes venezolanos que forjaron la identidad nacional y la identidad regional.
Erudito en diversos temas; sentarse a hablar con él siempre era sinónimo de escuchar una cátedra profunda y dinámica de los más amplios e interesantes temas.
Hincha deportivo de todo aquello que llevará los colores de Anzoátegui; ya sea en el béisbol, en el fútbol o cualquier otra disciplina.
Fue un guerrero de la tinta, con sus columnas ya sea de enfoque político, histórico, social, cultural o deportivo, siempre tenía sus “nudillos” listos para el combate intelectual.
Recordar a don Víctor Gil es rememorar a sus elocuentes debates parlamentarios; a sus declaraciones firmes a su sólida lealtad copeyana y su admiración hacia Luis Herrera Campins.
Él forma parte de una generación que hacia política con vocación social; que hacia política con capacidad intelectual; que hacía política con criterio, con moral y con sentido común.
El profesor Víctor Gil debe ser recordado como un símbolo de proba dedicación por el gentilicio y la identidad anzoatiguense.
De seguro, don Víctor debe estar en el paraíso rodeado de libros, con un buen vaso de escocés y rogándole a la Virgen de Los Desamparados por un futuro mejor para los guanteños, los portocruzanos y todos los anzoatiguenses.
