martes, 11 de febrero de 2025

El dilema

José Dionisio Solórzano / @jdionisioss

¿Votar o no votar? Este dilema shakesperiano es recurrente en la historia reciente venezolana. Casi como un círculo vicioso.

Cada cierto tiempo sectores de la oposición convocan a la abstención con el argumento de deslegitimar al Gobierno o generar una “fractura”, la cual nunca llega ni siquiera a esguince.

Pero, ¿esos llamados a no votar han tenido algún efecto positivo?

Vamos a recordar juntos para llegar a una conclusión al respecto.

En el 2005, Henry Ramos Allup, César Pérez Vivas, Julio Borges y otros, le hablaron el país y aseguraron que la abstención era la fórmula para deslegitimar al gobierno. 

¿Y qué pasó? Hugo Chávez se hizo con la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional aprobando reiteradas leyes que ocasionaron el deterioro de la economía nacional y muchas cosas más.

El objetivo de la oposición con la abstención no se cumplió, pues Chávez siguió en Miraflores y, después de todo ello, con una Asamblea Nacional totalmente suya y dócil a sus peticiones.

Tampoco podemos olvidar que en las elecciones presidenciales del 2006, Chávez vs. Rosales, hubo quien llamó a no participar. Recordemos que Ramos Allup no quiso que AD apoyara al gobernador del Zulia.

Para las elecciones de alcaldes de 2018, otra vez llamaron a la abstención y de esa forma, los mismos de siempre, le entregaron al Psuv en bandeja de plata la mayoría de las alcaldías y consejos legislativos y concejos municipales de todo el país.

Antes, habían hablado de abstención para las elecciones presidenciales del 2017 porque – según decían – eso iba a convertir a Nicolás Maduro en un presidente sin sostén político.

¿En qué desembocó todo? Bueno, en que juramentaron, dos años después, a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, generando una alta expectativas que terminó siendo una profunda decepción.

Al cabo de todo, Nicolás Maduro continuó en Miraflores y hoy Juan Guaidó se encuentra en Estados Unidos jugando tenis en unas canchas de Miami.

¿Cómo podemos ver? Nunca la abstención ha sido exitosa, por lo menos para la oposición.

Podemos llegar a la conclusión que la abstención no deslegitima a ningún gobernante.

Además, como segundo punto, podemos afirmar que la no participación electoral en el fondo beneficia al gobierno nacional. 

Y, como tercera conclusión, es claro que la abstención es una política absurda sin sentido estratégico.

¿Entonces? Seguiremos por el mismo camino abstencionista. 

Bueno, cada quien tiene la decisión en sus malos y cada dirigente tiene que decidir.

PD: Ya es hora que la clase política asuma las consecuencias de sus errores.

lunes, 3 de febrero de 2025

Ausencia de relato

José Dionisio Solórzano / @jdionisioss

Luego de 26 años bajo el sistema político, donde – a grandes medidas – los actores de la vida pública siguen siendo los mismos, es lógico que se haya agotado el relato de unos y otros.



El relato de la “lucha heroica” de los pobres contra los ricos, barnizada con los elementos discursivos como el “proceso” y después la “revolución”, han ido oxidándose con el paso del tiempo.

La persistente acusación contra Acción Democrática y Copei fue quedando vacía en la medida que los socialistas se iban eternizando en el poder; a tal punto que cualquier falla del sistema civil de 1958 a 1998 quedó empequeñecido por los errores del MVR-Psuv.

Los viejos actores de la llamada “Cuarta República” se fueron desvaneciendo con el paso de la historia. 

Los grandes pilares de esa política de AD-Copei ya ni siquiera están en este plano terrenal. Entonces, ¿cómo seguir achacándole culpas a aquellos que ya no están? 

Igual sucedió con el tema del “Imperio”, se usó tanto que su efecto se esfumó, lo cual es un fenómeno continental. 

Pues, esto ocurre desde la Patagonia hasta las fronteras de Centro América con México – pues, en la nación azteca creo que no ha permeado aún –.

Sin embargo, el envejecimiento discursivo no afecta sólo al gobierno, sino que la oposición sigue por el mismo camino.

Conceptos como invasiones, bloqueos y sanciones tienen cada vez “peor prensa”. Pues, la gente sabe que esas políticas son descabelladas y totalmente perjudiciales a la nación como un todo.

Igual ocurre con los frenéticos llamados a la abstención, debido a que cada vez que hacen llamados a la “no participación” el resultado es un total desastre para la oposición y un regalito para el gobierno.

Cuando han llamado a la abstención las consecuencias han sido nefastas. 

Por ejemplo, en el 2005 le entregaron la Asamblea Nacional al gobierno. 

En el 2018 le entregaron la presidencia en bandeja de plata a Nicolás Maduro; y, antes de ello, regalaron prácticamente todas las alcaldías.

Ni hablar de las elecciones parlamentarias del 2020, cuando con el cuento de la Asamblea Nacional en el exilio, le pidieron a los venezolanos no votar, dándole – de nuevo – la Asamblea Nacional al Psuv.

Por eso, la abstención no ha servido ni servirá de nada. 

Y, además, es otro elemento agotado en el discurso de esa oposición.

Ante esta realidad, es necesario que surja un nuevo liderazgo con nuevos ideales, con nuevas procedimientos y un nuevo relato que cambie en juego político nacional.

El cambio de paradigmas es urgente para Venezuela.