José Dionisio Solórzano / @jdionisioss
¿Votar o no votar? Este dilema shakesperiano es recurrente en la historia reciente venezolana. Casi como un círculo vicioso.
Cada cierto tiempo sectores de la oposición convocan a la abstención con el argumento de deslegitimar al Gobierno o generar una “fractura”, la cual nunca llega ni siquiera a esguince.
Pero, ¿esos llamados a no votar han tenido algún efecto positivo?
Vamos a recordar juntos para llegar a una conclusión al respecto.
En el 2005, Henry Ramos Allup, César Pérez Vivas, Julio Borges y otros, le hablaron el país y aseguraron que la abstención era la fórmula para deslegitimar al gobierno.
¿Y qué pasó? Hugo Chávez se hizo con la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional aprobando reiteradas leyes que ocasionaron el deterioro de la economía nacional y muchas cosas más.
El objetivo de la oposición con la abstención no se cumplió, pues Chávez siguió en Miraflores y, después de todo ello, con una Asamblea Nacional totalmente suya y dócil a sus peticiones.
Tampoco podemos olvidar que en las elecciones presidenciales del 2006, Chávez vs. Rosales, hubo quien llamó a no participar. Recordemos que Ramos Allup no quiso que AD apoyara al gobernador del Zulia.
Para las elecciones de alcaldes de 2018, otra vez llamaron a la abstención y de esa forma, los mismos de siempre, le entregaron al Psuv en bandeja de plata la mayoría de las alcaldías y consejos legislativos y concejos municipales de todo el país.
Antes, habían hablado de abstención para las elecciones presidenciales del 2017 porque – según decían – eso iba a convertir a Nicolás Maduro en un presidente sin sostén político.
¿En qué desembocó todo? Bueno, en que juramentaron, dos años después, a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, generando una alta expectativas que terminó siendo una profunda decepción.
Al cabo de todo, Nicolás Maduro continuó en Miraflores y hoy Juan Guaidó se encuentra en Estados Unidos jugando tenis en unas canchas de Miami.
¿Cómo podemos ver? Nunca la abstención ha sido exitosa, por lo menos para la oposición.
Podemos llegar a la conclusión que la abstención no deslegitima a ningún gobernante.
Además, como segundo punto, podemos afirmar que la no participación electoral en el fondo beneficia al gobierno nacional.
Y, como tercera conclusión, es claro que la abstención es una política absurda sin sentido estratégico.
¿Entonces? Seguiremos por el mismo camino abstencionista.
Bueno, cada quien tiene la decisión en sus malos y cada dirigente tiene que decidir.
PD: Ya es hora que la clase política asuma las consecuencias de sus errores.
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