viernes, 30 de mayo de 2014

Drama rojo

Especial NPO-. El oficialismo está viviendo un drama de grandes pronósticos, ya sus mentiras no encuentran eco en la población y ni siquiera sus fantásticos relatos de magnicidios poseen repercusión más allá de la burla de la mayoría de los venezolanos.

La falta de un liderazgo viene en realidad desmoronando a un movimiento que nació del egocentrismo y del mesianismo; a la falta de un líder, de un mesías político, la estructura del partido de Gobierno se derrumba cual castillo de arena.

Nicolás no calza los puntos suficientes, le falta como dicen algunos “el ángel” de la conducción política, él está simplemente preso de una responsabilidad que jamás esperó poseer en su vida.

Los venezolanos, la gran mayoría, que padece las consecuencias de los graves problemas económicos, producidos por una loca política gubernamental, no nos calamos más cuentos de caminos, no aceptamos más encantamientos de serpientes de los inquilinos de Miraflores.

Lo único que producen en su desespero es una risa muy grande y a la vez una enorme indignación de un pueblo que está cansado de sus errores y al que el estómago le grita por soluciones a la situación patética del desabastecimiento de alimentos.

El drama del oficialismo es que ya no tienen calle, es que perdieron la emotividad que despertaba el líder desaparecido. El drama que poseen es el debate interno que no deja espacio para una reorganización.

Las aseveraciones sobre el presunto atentado contra el Jefe de Estado es una cortina de humo para distraer la atención de los venezolanos, es una simple estrategia, por demás ilógica y poco efectiva, para pretender confundir a una nación que está clarita de que ellos ya fracasaron en la conducción de la república.

Su drama es sencillo: se tienen que calar a Nicolás y su poca capacidad para dirigir los destinos de la nación, tienen que soportar que el pueblo se altere y se mantenga en resistencia activa o pasiva, porque no encuentran como retroceder en sus pésimas decisiones sin darle la razón a la oposición venezolana.

A los voceros del Partido Socialista Unido de Venezuela no le queda más que radicalizar demencialmente sus posturas, de acentuar la represión y de mover la cabeza secundando las decisiones cada vez peores de un régimen que ya posee el sol en las espaldas.


El tiempo ha pasado, van 15 años, y ellos saben que el drama más grande que poseen, después del odio popular que han despertado, es que ya han pasado tantas cosas, han dicho tantas mentiras que nadie les cree y que se le agotó, desde hace unos meses, su cuarto de hora en el poder.

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