Lo hemos dicho hasta la saciedad, Venezuela necesita inversión para lograr desarrollo y parar definitivamente la inflación que nos asfixia a todos en este momento.
Necesitamos que el Estado entienda que no puede seguir siendo empresario, y, en cambio, debe dejarle a la empresa privada la labor de generar riquezas, a través del trabajo y el emprendimiento.
Es necesario que el Estado se deshaga de hoteles de su propiedad que están en quiebra o inoperativos, que se deshaga de aerolíneas, y muchas empresas que en vez de generar dividendos son una carga para la administración del país.
Sin duda, el Gobierno no puede seguir teniendo pasivos innecesarios, ni llevando el control de áreas que de por sí deberían ser controlados por particulares y que éstos gerencien, gestionen y posteriormente paguen los debidos impuestos.
Pero, nunca falta ese “condenado pero” – como decía “Perucho” Conde – no podemos lograr ese proceso de inversión privada en el país, sobre todo orientada en grandes empresas o grandes emprendimientos, por el fantasma de la inseguridad jurídica en el país.
A pesar que el Gobierno nacional ha dado demostraciones de viraje en su relación con la empresa privada, muchos aún tienen el recuerdo amargo de las expropiaciones y de los abusos en contra de la propiedad privada en Venezuela.
Es importante que el Gobierno venezolano empiece a dar muchas más garantías en este sentido. Es decir, se deben dar signos inequívocos que el Estado no vulnerará los derechos privados de los empresarios o particulares en el país y que existirá un respeto a las leyes de la Nación.
Si Venezuela demuestra que los inversionistas y empresarios son bien recibidos y que sus inversiones serán respetadas en el marco de la Ley, entonces muchas personas estarían dispuestas a invertir en diferentes ramos de la económica nacional.
Pues, no se trata solo que las grandes empresas petroleras del mundo inviertan en Venezuela. No se trata de dos o tres hoteles nuevos, no. El país necesita inversiones enormes en diferentes áreas para el repunte de la economía nacional.
Si se genera confianza – en la órbita legal y de política de Estado – el país se llenaría de inversiones, y, aunado a esto, el Estado se deshace de pasivos relacionales con empresas estatales paralizadas, entonces Venezuela tendría un reposicionamiento y una nueva oportunidad para derrotar la inflación y salvar la economía.
¡Ojo! Todo esto funcionará siempre y cuando el dinero de la venta de bienes del Estado y el flujo de caja, por el posible dinero que entre por impuestos pagados por esos nuevos inversionistas, no se esfume por obra y gracia de la corrupción.
Y que esos recursos recibidos sean destinados para seguir impulsando la estabilidad económica de la nación.
¡Se tenía que decir y se dijo!
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