Especial NPO-. Sentado en
el Paseo Colón alcé la mirada hacia su espléndida bahía, la lontananza me saludaba con su voz de
salitre y su murmullo de oleaje, atrapado en la prisión de su brisa oceánica
entré en una meditación de profunda inquietud y de ávida reflexión.
¿Qué ha pasado
con los sueños de grandeza infinita que se desprendía de aquel mar gigantesco y
de ese pleamar palpitante como sangre en las venas?, ¿qué le ocurrió a aquella
ciudad que despuntaba como el futuro prominente de una incipiente sociedad que
tenía mucho más por esperar que de contar?, creo que se perdió en manos de
aquellos malos gobernantes que sucumbieron ante la avaricia y el desdén, se extravío
con aquellos que se entregaron en cuerpo y alma al afán lucrativo y mezquino de
la odiosa actitud del poderoso endiosado.
Puerto La Cruz
es hoy los despojo de lo que un día fue, pero que puede volver a ser. Esta
ciudad enclavada en las costas venezolanas, es el espacio ideal para el
turismo, el tan prometido y nunca realizado muelle de cruceros es parte de esas
obras que necesita con urgencia esta ciudad, el astillero, e igual que una
nueva proyección a escala internacional avivaría el latido de ese corazón
portocruzano que se encuentra hoy dormido.
Este municipio
no necesita que más aventureros que vengan a prometer villas y castillos, y
sólo dejen en su paso escombros y soledad; Puerto La Cruz es mucho más que
ofrecimientos vacíos y engaños con trajes, propaganda y discursos, es una
tierra donde pudiera renacer por completo la república pujante, y futurista que
algún día fuimos y que de seguro volveremos a reeditar con el esfuerzo de
todos.
Cierro mis ojos
sintiendo las caricias de ese viento marítimo, el aroma de mar empieza a
perfumar toda aquel paseo, la cruz cada vez más grande y la fe de este pueblo
cada vez más fuerte es lo que nos hará recuperar el camino que un día dejamos
de andar por estar detrás de espejismos de un elocuente estafador de rutas, así
como en el pasado muchos se fueron “detrás de un hombre a caballo”, así en el
presente algunos creyeron en palabras huecas que sonaban bonito y que nos
prometían un ensueño cuando en verdad lo que pretendían era un calvario para el
progreso.
Puerto la Cruz
debe ser recuperada y ensalzada al puesto que en realidad se merece; no podemos
permitir que el deterioro fruto de un malquerido apego deje sin bienestar y sin
mañana a toda una comunidad que ha luchado y quiere seguir en la calle dando lo
mejor de sí para poseer una ciudad que sea digna de todo respeto y que sea un
justo hogar para todos sus habitantes.
Sé que con
empeño se podrá alcanzar las metas de una ciudad mejor, de una ciudad para la
vida a plenitud como esa que tuvieron los portocruzanos de antes y que debemos
recuperar para nosotros y para los miles de sotillenses que están por venir.
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